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Hemeroteca :: Edición del 19/06/2012 | Salir de la hemeroteca
Convivencia, un campo de minas

Convivencia, un campo de minas

A todos los padres y docentes les gustaría que sus hijos y alumnos fueran dóciles, colaboradores, sensatos, obedientes, tranquilos. Sin embargo, existe un creciente número de alumnos que viven asentados en la desobediencia, en las malas contestaciones, en la mentira, en la inadaptación.
Son los niños problemáticos, un problema creciente que no tiene fácil solución.

En España, hay un programa televisivo, Hermano mayor, que visualiza las complicadas relaciones que se viven en muchas familias entre padres e hijos adolescentes, sobre todo por la actitud de los hijos, conflictiva y despótica. Este programa de televisión ayuda a estas familias a buscar soluciones para que sus hijos vuelvan a la senda del sentido común. La mayoría de las veces la solución pasa también por un cambio en los métodos educativos, donde muchos padres, a pesar de sus buenas intenciones, hacen agua.

“Dando el poder a los padres”. Con un marcado carácter científico, los mismos fines persigue un programa inglés denominado “Dando el poder a los padres, dando el poder a la comunidad”, que ha desarrollado el Instituto de Psiquiatría del King’s College del Reino Unido y cuyos resultados ha publicado la revista British Medical Journal.

Ante los hijos problemáticos, conviene saber que unos nacen y otros se hacen. Los que nacen “con problemas” requerirán a menudo una atención médica especializada, pues sus patologías requieren de la intervención de profesionales. Menos mal que en España han cambiado las cosas en relación con las visitas a psicólogos y psiquiatras, también entre la población juvenil, y hoy día se acepta de manera generalizada que resulta positivo la visita a los profesionales para encontrar las mejores soluciones.

Pero si antes no se iba nunca al psicólogo o psiquiatra, se corre ahora el peligro contrario de acudir a ellos a la mínima oportunidad, buscando las soluciones fuera del ámbito familiar o docente.

Conviene, por eso, en primer lugar, discernir los niños o jóvenes que requieren esta asistencia médica porque tienen unas patologías acusadas de aquellos otros que crean problemas como consecuencia, lo más seguro, de un mal carácter y de una mala educación.

La adolescencia, terreno pantanoso. Hay muchos jóvenes que se convierten en problemáticos en plena adolescencia, cuando se viven drásticos cambios afectivos, neuronales, sociales, educativos, etc. La adolescencia suele ser, aunque no conviene generalizar, un terreno pantanoso donde muchas veces los hábitos y los comportamientos a los que estaban habituados los niños sufren serios trastornos. Incluso la relación con los padres, que parecía cordial, se vuelve tensa, complicada, problemática.

En la adolescencia, pues, es más fácil que todo se vuelva patas arriba y que haya una quiebra, una fractura en la educación de los hijos.

La mayoría de los padres se sienten muy desorientados a la hora de abordar las complicaciones que surgen en esta etapa, pues los métodos que se empleaban en años anteriores ahora no sirven y pueden ser, además, perjudiciales. Por eso es normal que los cursos de orientación familiar dediquen una atención preferente a esta etapa en la formación de los hijos.

Víctimas de una educación errática. Los expertos del Instituto de Psiquiatría del King College´s sostienen que en muchas ocasiones los síntomas que explotan en la adolescencia pueden ser consecuencia, quizás, de la aplicación de unas pautas educativas erráticas e incorrectas que llevan años aplicándose en el ámbito familiar y también educativo.

No es ya infrecuente que antes de la adolescencia existan niños y niñas problemáticos porque durante años se les ha acostumbrado a ser ellos el narcisista centro y motor del universo, satisfaciendo de manera inmediata todos sus apetitos, ocurrencias, caprichos, antojos, etc., como si la misión de los padres fuese únicamente volcarse en darles lo que pidan.

En muchas familias no mandan los padres ni las madres, supeditados a las ocurrencias de carácter de unos niños que se han convertido en auténticos dictadores. No es ninguna exageración.

Detrás de unos hijos problemáticos puede haber también unos padres problemáticos, que no han acertado a la hora de educar a sus hijos. No les han exigido que acepten un mínimo de normas de convivencia, unos límites lógicos en el comportamiento familiar, una serie de responsabilidades que todos deben asumir.

Padres y madres que han tenido miedo a parecer mínimamente autoritarios y que en su afán de ser los mejores padres enrollados, los más amigos de sus hijos, los cómplices ideales, han hecho dejación de sus obligaciones y han convertido a sus hijos en meros colegas.

Muchas veces, los hijos problemáticos se han aprovechado de estas debilidades y han acabado por coger ellos el mando en plaza, imponiendo su arbitraria autoridad.

Padres y especialistas en la misma dirección. El programa puesto en marcha por el Instituto de Psiquiatría británico basa su éxito en la colaboración entre padres, especialistas y el centro educativo. Se trata de casos de hijos problemáticos ya consolidados, en los que hacía falta una intervención especial. El programa, como reza su nombre :

–“Dando el poder a los padres, dando el poder a la comunidad”–, pasa por devolver a los padres la autoridad perdida con el fin de que los hijos asuman sus responsabilidades.

Los resultados han sido francamente satisfactorios para unas vidas familiares que se habían convertido en un campo de minas, multiplicando el estrés de todos sus miembros. No solamente consiste el programa en “enderezar” a unos hijos y alumnos que se han torcido; el programa reeduca a los padres para que asuman de otra manera su rol educativo.

Conviene adelantarse, pues, antes de que el problema sea más serio. No hay que esperar a ver si el niño o la niña abandonan la violencia en el lenguaje, la mentira sistemática, la bronca constante y los comportamientos desequilibrados un poco más adelante (esa actitud de que el paso del tiempo es la solución mágica a tantos problemas).

Hay que coger el toro por los cuernos antes de que los niños problemáticos comiencen a tener serios problemas con adicciones también problemáticas.

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