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El incierto futuro del libro de texto

Por Rodrigo Santodomingo
Última actualización 07/06/2012@12:16:17 GMT+1
Para buena parte de la comunidad educativa, la progresiva desaparición del papel en las aulas se antoja inevitable. El principal argumento es que los libros de texto digitales ofrecen una ventaja comparativa demasiado grande respecto a los manuales tradicionales. Sobre todo a la hora de motivar al alumnado, amenizar el aprendizaje y ampliar contenidos.

Con la proliferación de materiales on line, algunos se plantean incluso la posible desaparición del libro de texto.
No hace falta devanarse los sesos para comprender que lo que está ocurriendo con los libros de texto presenta claras analogías respecto a otros sectores del negocio editorial. Para contextualizar, sólo hace falta mirar con un poco de perspectiva y sentido común. El periodismo impreso lleva años sumido en una profunda crisis, obligado a lanzar ediciones digitales de las que aún no sabe muy bien cómo extraer una rentabilidad financiera óptima. Por su parte, con el desembarco a gran escala de los e-books y la proliferación de tabletas, las editoriales literarias viven en permanente incertidumbre, preguntándose si sus ventas en papel caerán en picado o la clásica novela de olor dulzón sobrevivirá con dignidad, sin convertirse en un producto marginal y anacrónico.

En realidad, para buena parte de la comunidad educativa, los beneficios del tránsito del papel a formatos digitales en los libros de texto se antojan mucho más evidentes que en otro tipo de publicaciones. Y es que, en opinión de muchos, la ventaja comparativa de los materiales didácticos TIC respecto a sus homólogos con base de celulosa resulta abrumadora. Sugerentes vídeos sobre los volcanes o la extinción de los dinosaurios, animaciones en 3D que ayudan a comprender la composición de la materia, todo tipo de imágenes conformando una inmensa base de datos pictórica antes inconcebible en el aula, ejercicios interactivos inspirados en los videojuegos...

El formato digital abre las puertas a toda una batería de opciones didácticas que hacen de la enseñanza algo más atractivo y motivador para las generaciones de hoy en día. Opciones que, claro está, también amplían enormemente el horizonte formativo del alumno, que rompen fronteras espaciales y dan acceso a un volumen de contenidos inédito en los años anteriores a la revolución tecno-educativa. Otra ventaja evidente de la generalización del libro de texto digital es que terminaría de un plumazo con la sempiterna preocupación sobre el excesivo peso que acarrean los alumnos en sus mochilas.


Quórum

Pensemos por ejemplo en la diferencia entre los libros de texto digitales y los libros en sentido amplio. Un gran porcentaje de lectores habituales se muestra escéptico sobre el triunfo avasallador que mucho pronostican para los e-books. Motivos no les faltan. Una novela se lee en días, semanas o incluso meses. ¿Qué aporta realmente un dispositivo que permite acumular y transportar a todos los grandes clásicos de la literatura del siglo XX? Básicamente, mayor portabilidad. Tampoco parece una idea brillante enriquecer una novela con vistosas ilustraciones o gráficos en 3D.

Aunque algunos se resisten a reconocerlo, el quórum dentro del mundo de la enseñanza es que los materiales didácticos en papel están destinados a desaparecer. Se trata simplemente de una evolución natural enmarcada dentro del proceso global de incorporación de las TIC a las aulas. “A medio plazo, en la medida en que la escuela se vaya llenando de tecnologías digitales, el papel irá desapareciendo. Eso es inevitable”, señala Manuel Area, catedrático de Tecnología Educativa en la Universidad de la La Laguna (Tenerife).

Mientras, la industria de los libros de texto, las grandes editoras como Santillana y SM, se están reinventando a marchas forzadas para adaptarse a los nuevos tiempos. Quizá sea sólo un detalle, pero no deja de resultar significativo que en la página web de Santillana, al acceder a su “catálogo”, la primera imagen que aparezca sea la de un ordenador portátil.

Ante este panorama, no deja de resultar sorprendente que Jesús Moyano, presidente de la Asociación Nacional de Editores de Libros y Materiales de Enseñanza (ANELE), apueste por una convivencia a largo plazo del formato clásico y el digital. “Lo lógico es mantener un soporte de papel que sea una estructura básica del currículum, y a éste añadir un complemento digital para que lo utilicen el alumno y el profesor sirviéndose de ordenadores y pizarras interactivas y a través de licencias de uso”.

Sea como fuere, las palabras de Moyano nos adentran en otro dilema que emerge al plantearse el futuro de los libros de texto: ¿Cómo será el modelo de negocio en caso de que se imponga lo digital? “Desconozco la respuesta a esa pregunta”, responde el catedrático Area. “Supongo que no puede ser el mismo que el que ha existido hasta ahora, en el que cada alumno paga por su libro. Mi opinión personal es que tenderemos hacia un modelo por suscripción a través de los propios centros educativos o incluso de las consejerías de Educación”.


Más de lo mismo

Mientras esperamos a que el futuro dicte sentencia, lo cierto es que la transición del papel a los soportes electrónicos está propiciando el nacimiento de compañías dedicadas en exclusiva a generar contenidos curriculares digitales. En España, una de las más potentes es Digital Text, que arrancó su actividad en 2008 ofertando sus productos como mero apoyo al libro de toda la vida. En la actualidad, la empresa barcelonesa sigue dando a sus clientes la opción de complementar los contenidos del papel, pero también vende materiales que sustituyen por completo a los manuales tradicionales.

A nivel internacional, también han surgido infinidad de empresas que luchan por consolidar una posición preponderante en el mercado antes de que el cambio sea irreversible. Más aún, el gigante de la informática Apple presentó a finales del pasado mes su nueva gama de libros de texto electrónicos adaptados a su tableta iPad. Además de incorporar un buen número de aplicaciones y contenidos multimedia, la apuesta de Apple permite subrayar el texto o colocar post-it virtuales en cualquier parte del mismo.

Simultáneamente, los estados comienzan a allanar el camino para que, en un futuro no muy lejano, todos los materiales curriculares estén conformados por píxeles y códigos binarios. Por el momento, el país más avanzado es Corea del Sur, que aspira a enterrar el papel en las aulas para 2015. Y en Estados Unidos, el presidente Barack Obama anunció a principios de año la creación de un nuevo centro nacional cuya misión principal será investigar las infinitas posibilidades del software educativo.

Aunque las bondades del libro de texto digital son para la mayoría innegables, no falta quien se muestra escéptico respecto al impacto real que estos están teniendo y tendrán sobre el día a día de la enseñanza. Jaume Martínez Bonafé, profesor de Didáctica en la Universidad de Valencia, sostiene que los materiales digitales son “más de lo mismo” y dice no apreciar “diferencias sustanciales con respecto al esquema tradicional”.


Profesionalización

Puede que la visión de Martínez Bonafé suene algo extrema, pero lo cierto es que el libro de texto digital sigue siendo, en buena medida, un producto cerrado que indica al profesor qué es exactamente lo que tiene que enseñar y cómo tiene que hacerlo. Y no faltan voces que no se cansan de repetir que esto entra en total contradicción con las ilimitadas posibilidades formativas de Internet.

No en vano, cada vez son más los docentes que elaboran sus propios materiales y los comparten a través de blogs, wikis, webs especializadas y otros espacios interactivos. Gradualmente, estos profesores han ido postergando el uso libro de texto (en papel o digital) para diseñar sus clases de forma personalizada, atendiendo al perfil de su alumnado y al enfoque pedagógico que consideran más adecuado. Y es que la irrupción de las TIC en el aula ha despertado el debate sobre la profesionalización de la docencia. Si algunos (cada vez más) educadores preparan todas sus clases a partir de recursos on line, ¿por qué no se convierte esta forma de enseñar en una práctica habitual?

Para Area, hablamos de algo que “requiere mucho tiempo y esfuerzo, lo que hace que una cantidad considerable de profesores se echen para atrás”. Por su parte, en opinión del presidente de ANELE, “no es fácil que un profesor esté capacitado para sacar adelante el currículo por sí mismo. Para eso están las editoriales, que por tradición son las únicas que pueden ofrecer una garantía de calidad”.


Nuevas empresas para tiempos de revolución tecno-educativa

La revolución tecno-educativa que están experimentando las aulas de medio mundo ha dado lugar a la creación de nuevas empresas que nacen bajo la premisa básica de fundir con la máxima eficacia TIC y enseñanza. Si hace ya más de una década arrancó el boom de los fabricantes de pizarras digitales, los últimos años han sido testigos de la proliferación de editoriales específicamente dedicadas al diseño de materiales escolares por completo digitales.

En nuestro país, uno de los pioneros en este sentido (que por cierto ya ha logrado consolidar un importante hueco de mercado) es la empresa catalana Digital-Text. La compañía ofrece a los centros tanto la posibilidad de suministrar materiales interactivos que complementen al libro de texto en papel o desarrollar una transformación radical que apueste por contenidos académicos servidos únicamente en formato digital.

Los libros de Digital-Text incorporan un buen número de animaciones que facilitan la comprensión teórica, vídeos de todo tipo, sonidos relevantes desde una óptica educativa y otros recursos interactivos.

Detrás de la empresa se esconde un equipo formado por jóvenes profesores de la ESO e investigadores de la Universidad de Barcelona. Se trata de los mismos emprendedores que en 2006 crearon la revista digital Eureka, una publicación divulgativa que se utiliza en cientos de escuelas catalanas. Allí se pueden encontrar multitud de contenidos interactivos y propuestas de actividades sobre física, historia o literatura.
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