Hemeroteca :: 22/01/2010
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OPINIÓN

Rafael Guijarro, periodista

Última actualización 21/01/2010@14:10:09 GMT+1
Los últimos datos de la Encuesta de Población activa llaman la atención sobre la cantidad de jóvenes que no tienen trabajo, ni ganas de ponerse buscarlo, ni esperanza de encontrarlo, sea cual sea su formación, nivel de estudios o de familia.
A los jóvenes españoles no sólo les han mandado al paro enseguida, sino que muchos de ellos nunca han salido de él hacia su primer empleo, y una buena cantidad se han parado ellos a si mismos, sin esperar a que les obliguen otros a tomar esa decisión. Las cifras son reveladoras: 1,33 millones de jóvenes, entre 20 y 29 años no trabajan; pero 562.100 de ellos ni siquiera estudia algo, lo que sea, lo que más le guste, o lo que menos, pero que le permita soñar con salir de ese estado de parálisis. No es que no trabajen, sino que la mitad de ellos están convencidos de que no trabajarán jamás aunque lo intenten; y por eso, ni siquiera se ponen a ello.

Entre los 20 y 24 años, 241.300 han dejado totalmente los estudios pese a no disponer de ningún empleo, y lo mismo ocurre con otros 320.800 con más de 24 años y menos de 29. Las dos terceras partes de esos inactivos son mujeres. Un tercio (332.600) ha cursado estudios superiores, y otros 609.300 han finalizado estudios de formación e inserción laboral secundaria. El 85 por ciento están solteros, un millón de ellos vive con sus padres. La tasa de inactividad en el caso de los hombres se sitúa en el 30,8%, y en el de las mujeres alcanza el 38,2%.

Para ver la magnitud de la catástrofe hay que tener en cuenta que todo esto debe sumarse al fracaso escolar del 30 por ciento de niños que no llegan a terminar los estudios de primaria.

O sea, hay un montón grandísimo de gente joven completamente fuera del sistema, aunque por su edad deberían estar sacándolo adelante con el mayor vigor; y que no encuentra, no le dejan, no quiere o no sabe incorporarse a él. Parados perpetuos esperando el subsidio de los 400 euros, o el que les dé el gobierno de turno, para toda la vida y sin otra cosa que hacer, con el agravante de que nunca han podido, querido o sabido hacer nada de nada, desde que tienen uso de razón, al contrario que algunos de sus progenitores, que, por lo menos en alguna ocasión y por algún período de tiempo, consiguieron ponerse a trabajar, aunque ahora tampoco lo hagan. Eran aquellos Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados, de aquel anuncio premonitorio, sobrada y perpetuamente preparados para el paro infinito, si no se le pone remedio a este asunto.
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  • El paro joven infinito

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    5557 | davifernan - 04/02/2010 @ 20:35:49 (GMT+1)
    Son las generaciones NI-NI-NI (Ni estudio, Ni trabajo, Ni quiero).

    Formadas en valores desde la Televisión, donde desde seriales como "Friends", "cómo conocía a vuestra madre", etc, se proyecta la idea de "vivir a lo grande sin dar ni golpe". Y desde la escuela ni la familia no hemos sabido contrarrestar esta lluvia de "antivalores" como el Esfuerzo o el Trabajo.

    El Hecho de que no se repita, hagan lo que hagan, es un ejemplo institucional de estos contravalores.

    Si le decimos a un adulto la palabra "esfuerzo" o "trabajo", las considerarán como lago positivo,pero la juventud lo tiene asociado a algo NEGATIVO, algo a rehuír.

    Luego se quejan de que no les demos una oportunidad (tras otra) sin merecerlo.
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