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84    17 de mayo de 2012
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Juan Manuel de Prada. Escritor

Última actualización 15/05/2012@16:50:18 GMT+1

Amparándose en la sentencia reciente del Tribunal de Estrasburgo, la comisión educativa del parlamento español ha aprobado una iniciativa parlamentaria por la que se insta al Gobierno a retirar los crucifijos de cualquier centro escolar acogido al sistema público de enseñanza...

Amparándose en la sentencia reciente del Tribunal de Estrasburgo, la comisión educativa del parlamento español ha aprobado una iniciativa parlamentaria por la que se insta al Gobierno a retirar los crucifijos de cualquier centro escolar acogido al sistema público de enseñanza, categoría en la que también se engloba la escuela concertada. Vemos aquí un caso evidente de cómo la apelación a una libertad puede ser, paradójicamente, la coartada jurídica para impedir el ejercicio de esa misma libertad.  En aquella célebre sentencia de Estrasburgo se dictaminaba que la exhibición de un crucifijo en las aulas conculcaba la libertad religiosa; y, para impedir supuestamente la conculcación de esa libertad se desea imponer a las escuelas concertadas que retiren los crucifijos de las paredes. Pero resulta que la razón primordial por la que muchos españoles desean que sus hijos estudien en una escuela concertada es porque, haciendo uso del derecho que los asiste a elegir el tipo de educación que desean para sus hijos, optan libremente por una escuela en la que los crucifijos -y lo que esos crucifijos representan- estén presentes. Con lo que, a la postre, se conculca la libertad religiosa, bajo la excusa de su protección.

Es un principio establecido por el derecho que las libertades no pueden invocarse para favorecer su destrucción. Una persona no puede hacer uso de su libertad para aceptar la esclavitud. Un Estado no puede erigirse en garante de la libertad religiosa para impedir que tal libertad religiosa pueda ejercerse. Ordenar la retirada de los crucifijos de aquellas escuelas que ofrecen una educación cuyo rasgo distintivo es, precisamente, la adhesión a lo que ese crucifijo representa equivale a negar la libertad de quienes, acogiéndose a un derecho garantizado constitucionalmente, optan por ese tipo de educación. Pero, desde hace algún tiempo, la invocación de derechos y libertades ha empezado a convertirse en una cortada jurídica que disfraza pretensiones de naturaleza muy distinta; y la pretensión que aquí se disfraza no es otra que un laicismo agresivo que desea erradicar la expresión pública de la religión y que, en su cínico designio, no vacila en invocar la libertad que desea destruir.

Claro que, detrás de toda esta polémica, se vislumbra un fenómeno de aniquilación cultural que sólo admite una explicación patológica. ¿En verdad puede sostenerse que un crucifijo conculca la libertad religiosa? A mi recuerdo acude, cada vez que se suscita esta polémica, aquel hermoso poema que escribiera León Felipe, que no era precisamente el prototipo del escritor beatón o meapilas: "Más sencilla, más sencilla. / Sin barroquismo, / sin añadidos ni ornamentos, / que se vean desnudos / los maderos, / desnudos / y decididamente rectos. / Los brazos en abrazo hacia la tierra, / el astil disparándose a los cielos. / Que no haya un solo adorno / que distraiga este gesto, / este equilibrio humano / de los dos mandamientos. / Más sencilla, más sencilla; / haz una cruz sencilla, carpintero". No creo que sea posible compendiar con palabras más verdaderas el significado de la Cruz y su doble vocación. Los brazos en abrazo hacia la tierra, esto es, vueltos hacia la humanidad que sufre, en actitud acogedora y entregada; el astil disparándose a los cielos, con esa sed de misterio que empuja al hombre a elevar la mirada hacia la trascendencia. En esos dos maderos cruzados quedan sintetizados los dos anhelos más enaltecedores del hombre. Cuando se retira un crucifijo, esos anhelos se niegan;  y negar esos anhelos es tanto como negar nuestra estirpe humana. Como los alacranes que se clavan su propio aguijón y agonizan víctimas de su propio veneno, diríase que Occidente hubiese decidido aniquilarse, marginando y negando la herencia histórica que la constituye; y que, entregado irracionalmente a un arrebato de autodestrucción, estuviese dispuesto a invocar libertades para favorecer su conculcación. Pero cuando se decide que los crucifijos resultan ofensivos, no está lejano el día en que los cristianos sean perseguidos como delincuentes. Hacia ese horizonte caminamos; y entonces también se disfrazará esa pretensión con coartadas jurídicas. z

Amparándose en la sentencia reciente del Tribunal de Estrasburgo, la comisión educativa del parlamento español ha aprobado una iniciativa parlamentaria por la que se insta al Gobierno a retirar los crucifijos de cualquier centro escolar acogido al sistema público de enseñanza, categoría en la que también se engloba la escuela concertada. Vemos aquí un caso evidente de cómo la apelación a una libertad puede ser, paradójicamente, la coartada jurídica para impedir el ejercicio de esa misma libertad.  En aquella célebre sentencia de Estrasburgo se dictaminaba que la exhibición de un crucifijo en las aulas conculcaba la libertad religiosa; y, para impedir supuestamente la conculcación de esa libertad se desea imponer a las escuelas concertadas que retiren los crucifijos de las paredes. Pero resulta que la razón primordial por la que muchos españoles desean que sus hijos estudien en una escuela concertada es porque, haciendo uso del derecho que los asiste a elegir el tipo de educación que desean para sus hijos, optan libremente por una escuela en la que los crucifijos -y lo que esos crucifijos representan- estén presentes. Con lo que, a la postre, se conculca la libertad religiosa, bajo la excusa de su protección.

Es un principio establecido por el derecho que las libertades no pueden invocarse para favorecer su destrucción. Una persona no puede hacer uso de su libertad para aceptar la esclavitud. Un Estado no puede erigirse en garante de la libertad religiosa para impedir que tal libertad religiosa pueda ejercerse. Ordenar la retirada de los crucifijos de aquellas escuelas que ofrecen una educación cuyo rasgo distintivo es, precisamente, la adhesión a lo que ese crucifijo representa equivale a negar la libertad de quienes, acogiéndose a un derecho garantizado constitucionalmente, optan por ese tipo de educación. Pero, desde hace algún tiempo, la invocación de derechos y libertades ha empezado a convertirse en una cortada jurídica que disfraza pretensiones de naturaleza muy distinta; y la pretensión que aquí se disfraza no es otra que un laicismo agresivo que desea erradicar la expresión pública de la religión y que, en su cínico designio, no vacila en invocar la libertad que desea destruir.

Claro que, detrás de toda esta polémica, se vislumbra un fenómeno de aniquilación cultural que sólo admite una explicación patológica. ¿En verdad puede sostenerse que un crucifijo conculca la libertad religiosa? A mi recuerdo acude, cada vez que se suscita esta polémica, aquel hermoso poema que escribiera León Felipe, que no era precisamente el prototipo del escritor beatón o meapilas: "Más sencilla, más sencilla. / Sin barroquismo, / sin añadidos ni ornamentos, / que se vean desnudos / los maderos, / desnudos / y decididamente rectos. / Los brazos en abrazo hacia la tierra, / el astil disparándose a los cielos. / Que no haya un solo adorno / que distraiga este gesto, / este equilibrio humano / de los dos mandamientos. / Más sencilla, más sencilla; / haz una cruz sencilla, carpintero". No creo que sea posible compendiar con palabras más verdaderas el significado de la Cruz y su doble vocación. Los brazos en abrazo hacia la tierra, esto es, vueltos hacia la humanidad que sufre, en actitud acogedora y entregada; el astil disparándose a los cielos, con esa sed de misterio que empuja al hombre a elevar la mirada hacia la trascendencia. En esos dos maderos cruzados quedan sintetizados los dos anhelos más enaltecedores del hombre.

Cuando se retira un crucifijo, esos anhelos se niegan;  y negar esos anhelos es tanto como negar nuestra estirpe humana. Como los alacranes que se clavan su propio aguijón y agonizan víctimas de su propio veneno, diríase que Occidente hubiese decidido aniquilarse, marginando y negando la herencia histórica que la constituye; y que, entregado irracionalmente a un arrebato de autodestrucción, estuviese dispuesto a invocar libertades para favorecer su conculcación. Pero cuando se decide que los crucifijos resultan ofensivos, no está lejano el día en que los cristianos sean perseguidos como delincuentes. Hacia ese horizonte caminamos; y entonces también se disfrazará esa pretensión con coartadas jurídicas.
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  • Crucifijos

    Últimos comentarios de los lectores (4)

    5537 | Vicente Biosca - 20/01/2010 @ 00:00:37 (GMT+1)
    Si es religioso, es normal que conserve el cricifijo.
    Pero si es religioso y concertado, lo que permitiría entrar a niños de otras confesiones por falta de plazas en otros centros que se retire de la concertación o retire esos símbolos.
    5536 | juan josé - 11/01/2010 @ 13:34:28 (GMT+1)
    Evidentemente es incongruente que obligen a un colegio de caracter religioso (por ej católico) a quitar los crucijos de sus aulas.

    Pero estamos hablando de colegios públicos o subvencionados con dinero de Estado (que es laico), dinero que sale de los impuestos que pagamos todas las personas que trabajan en España sean Catolicos, Musulmanes, Laicos o de cualquier otra condición.

    Por lo que hay que entender que los colegios religiosos no deberían ser concertados sino privados (a éstos no les quitan los crucifijos). Y que el dinero que ponemos todos en los impuestos para la educación de nuestros hijos sólo vaya a los colegios públicos para sufragar gastos como comedor, libros, transporte... ESTO SERIA LO REALMENTE JUSTO.
    5532 | Sergio Argilés - 21/12/2009 @ 00:25:33 (GMT+1)
    Estoy de acuerdo con la paradoja que expresa en el artículo. Yo tengo a mi hijo en un colegio religioso, concertado y me parece totalmente incongruente que en un ambiente en el cual les enseñan la religión católica, no se puedan exhibir sus símbolos. De hecho, se puede considerar que una de las aulas del colegio es su iglesia, donde muchos de sus alumnos reciben parte de la catequésis. ¿Se deberán suprimir los crucifijos en ese espacio también?
    No estoy de acuerdo con las conclusión del artículo, pues me parece de un tono apocalíptico. Hay
    5531 | alfonso caride - 15/12/2009 @ 12:42:17 (GMT+1)
    Enhorabuena Juan Manuel por tu artículo y gracias por expresar clara y nítidamente la forma en la que, los que pensamos religiosa o políticamente de determinada manera, estamos siendo marginados y aniquilados intelectualmente (de momento al menos)del expectro social y político en nombre de una falsa libertad que se está convirtiendo en la peor de las dictaduras para nosotros.

    Es indignante,creo que tenemos que empezar a decir orgullosos lo que pensamos y no con la boca pequeña:
    SOY CATOLICO Y SOY DE DERECHAS
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